jueves, 2 de febrero de 2017

Tango Alejandro Sarni Brasil

Tango:

Sus comienzos datan de 1926 cuando ingresó a la orquesta típica que dirigía el entonces popular director Alfonso Fogazza, en cuantos salones hubo en Montevideo; después de integrar otras, tuvo la de su nombre que fue muy popular en el Uruguay, con la que acompañó a famosos intérpretes. Llegó a grabar en el sello Sondor, marca uruguaya, en 1954. En la rueda literario-musical que se reunía en el Café Tupí Nambá de la Plaza Independencia, conoció a Carlos Gardel en 1929: «Compartí con él algunos momentos inolvidables. Siendo yo un pibe (como Carlitos me decía), lo consideraré siempre como un gran amigo y leal en todo momento», dijo para este libro. No vaciló en aquella oportunidad primera, en hacerle conocer su tango “Gacho gris”, que lleva letra de Juan Carlos Barthe. Como la pequeña obra fue del agrado del cantor, tampoco vaciló éste en llevarlo al disco dándole el espaldarazo definitivo. El primer homenaje a Carlos Gardel que se realizó en Montevideo, en la Rambla Sur, el día 25 de agosto de 1935, su orquesta gigante fue número fuerte. Después, a cada aniversario de la muerte del Zorzal, contribuyó con su grano de arena organizando modestos homenajes con conjuntos típicos o grupos de viejos amigos que tuvieron la suerte de conocerlo. Alejandro Sarni nació en San Pablo (Brasil) el 2 de febrero de 1903, creció en Montevideo donde falleció el 18 de junio de 1971. 

Tango Carlos Pazo Argentina

Tango:

Nació en el barrio de La Paternal, ciudad de Buenos Aires. En su casa se escuchaban tangos, además de música clásica y también flamenca (influencia de sus abuelos Manuel y Pastora, oriundos de Jerez de la Frontera). Sus primeros recuerdos siempre están acompañados por algún tango como aquéllos de su admirado Aníbal Troilo, propalados en la cancha de Argentinos Juniors cuando era muy pequeño e iba de la mano de Francisco, su padre, quien con sacrificios le compró, para su cumpleaños número doce, un bandoneón Doble A nacarado marrón, que aún conserva (1945). Comenzó a estudiar música con el maestro Luis Servidio, pero muy pronto falleció su padre. Servidio le ofreció trabajo en el Patio Criollo, un gran salón de baile del ya desaparecido Parque Retiro. Así, de golpe, él se vio con pantalones largos y su bandoneón estrenando escenario, a un año de haber comenzado el aprendizaje. Continuó con la orquesta hasta el año 1950, y luego se incorporó a la de Juan Canaro por recomendación del violinista Alberto Talián. Ya en 1951, tocó con la orquesta de Hugo Baralis, que acompañaba al cantor Alberto Marino. Y, en el mismo año y el siguiente, en la orquesta de Alberto Mancione, grabando varios discos. Al inicio de 1953, comienza a trabajar con Alfredo Gobbi, con quien siguió hasta 1957, tocando en Radio el Mundo y en salones de baile, haciendo numerosas giras y grabando discos durante todos esos años. En 1956, se integró a la orquesta de Francisco Rotundo con quien grabó varios temas y luego se incorporó a la orquesta de Roberto Caló. En esos años intensos trabajó simultáneamente con otros conjuntos, como los de: Joaquín Do Reyes, Ricardo Malerba, Jorge Argentino Fernández, Enrique Rodríguez, Emilio Orlando, Manuel Buzón, entre varios otros. De estas agrupaciones, grabó con las de Caló, Malerba, Mancione y Marino. En 1958, formó parte de la orquesta Lezica-Lavié, dirigida por el bandoneonista Antonio Marchese, grabando varios temas. Con Florindo Sassone —junto a quien estuvo desde 1956 hasta 1967—, compartió años de intenso trabajo, de presentaciones, grabaciones, giras (Japón, entre otras) y Radio el Mundo, en el Glostora Tango Club. En 1963, formó orquesta para acompañar al cantor Andrés Falgás, durante una gira de tres meses a Colombia. Convocó para integrarla a Osvaldo Requena, quien años después formaría su propio conjunto y con éste el espectáculo Tango Sessions, en el cual fue su bandoneón solista. En 1965, integró las orquestas de Leopoldo Federico y José Basso, volviendo a tocar en ambas orquestas alternativamente durante varias temporadas. Con Leopoldo Federico grabó varios discos larga duración e hizo una gira artística por ciudades de Brasil. Con el violinista Tito Besprovan y el pianista Osvaldo Berlingieri viajó a Miami en 1967 acompañando a los cantantes Ginamaría Hidalgo y Siro San Román. Desde 1984 y hasta el año 2007, integró la Orquesta Nacional de Música Argentina «Juan de Dios Filiberto» como primer bandoneón bajo la dirección sucesiva de los maestros Osvaldo Requena, Osvaldo Piro, Atilio Stampone y Néstor Marconi. El Banco Provincia de Buenos Aires le otorga un premio del Concurso de Bandoneón Aníbal Troilo, en el año 1987. El jurado del premio estaba integrado por: Horacio Salgán (presidente), Leopoldo Federico, Carlos García, Roberto Di Filippo. Formó parte de la orquesta de Mariano Mores durante un período de presentaciones en el Teatro Colón y el Teatro Ópera en 1995. En 1992, realizó otra gira al Japón acompañando a los bailarines Gloria y Eduardo Arquimbau, con una agrupación en la cual los arreglos y composiciones musicales estuvieron todos a su cargo. En 1993, actuó en el Festival de Tango de Granada como solista en Tango Sessions, dirigido por Osvaldo Requena. En 1996, nuevas giras al Japón con la orquesta de Julián Plaza y con Tango Sessions. Dos años después, otra con la «Juan de Dios Filiberto» dirigida por Piro, por Suecia, Francia, Japón y Chile. Año 2004, nueva gira con Osvaldo Requena (Tango Sessions). Hizo otra en octubre del 2008, con su quinteto y el cantor Alberto Bianco y tres parejas de baile, en el espectáculo Súper Tango 2008. En el año 2003, surgió la Orquesta Todo Corazón —una iniciativa del cardiólogo y violinista Pablo Chiale—, en la que Pazo es el director. Se creó con fines benéficos para aportar fondos a dos fundaciones de ayuda al enfermo cardíaco. Grabaron tres discos: Música desde el corazón (2003), Tangos para vos... de Todo Corazón (2004) y Latidos (2006). Este último disco tiene la particularidad de que intervienen dos directores: Carlos Pazo, para la primera mitad de temas y el violinista Mauricio Marcelli para la segunda mitad. Como compositor se destacan los tangos, “Monólogo”, grabado en Colombia (1963) por la orquesta Los Reyes del Tango, dirigida por el propio Pazo con el cantor Andrés Falgás. También lo registró la Orquesta Todo Corazón (2006) y El Arranque en dos oportunidades. “Pa’l arranque” llevado al disco por El Arranque (2002) y por Todo Corazón (2003). “Para vos”, también por Todo Corazón (2004) y por la orquesta de Érica Di Salvo (2006). En 2006, la Orquesta Astrorico de Japón con motivo del 15° aniversario de su creación, grabó un disco que fue presentado en un concierto que llevó por título Para vos, homenajeando así a su autor, por su trayectoria con el tango en Japón. “Caricias de nácar”, con letra de Renata Lamborghini, tango estrenado el 22 de noviembre del 2007, en la Academia Nacional del Tango, grabado en Japón por Roberto de Lozano y en Buenos Aires por Martín Alvarado. Gustavo Santaolalla lo convocó para su producción Café de los Maestros, volúmenes I y II. Coincidentemente con la presentación del último volumen, se registró un film documental con la presencia de todos los maestros. Además, se conformó la Orquesta de los Maestros, con la que actuó en conciertos especiales en el Teatro Gran Rex (11/12/2008) y en Palermo (28/2/2009). En otro film documental distribuido en todo el mundo, Si sos brujo... una Historia de Tango (2005), de Caroline Neal, se registró la acción de algunos maestros del tango —Carlos Pazo entre ellos— que han sido regularmente invitados a dirigir la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce.

Tango Julio Sosa Uruguay

Tango:

Sin lugar a dudas, Julio Sosa fue el último cantor de tango que convocó multitudes. Y en ello, poco importó que casi la mitad de su repertorio fuera idéntico al de Carlos Gardel, aunque también es cierto que interpretó algunos títulos contemporáneos. Como dice el investigador Maximiliano Palombo, «fue una de las voces más importantes que tuvo el tango en la segunda mitad de los años cincuenta y principios de los sesenta, época en que la música porteña pasaba por un momento no demasiado feliz». Posteriormente, dada su temprana muerte, se intentó repetir con él el mito Gardel, pero Sosa no era Gardel la extroversión y la carencia de ternura de su voz lo alejaban del paradigma del cantor de tangos. Por otra parte, al perderse su imagen, desaparecieron sus condiciones actorales, tan unidas al sentido de lo que cantaba. De todas maneras, quedó su recuerdo, sobre todo en la generación que lo vio surgir y en las posteriores, como una de las más reconocibles e insoslayables figuras de la historia del tango. Con el nombre de Julio María Sosa Venturini, nació en la localidad de Las Piedras, departamento de Canelones, Uruguay, el 2 de febrero de 1926, en el matrimonio formado por Luciano Sosa, peón rural, y Ana María Venturini, lavandera. Apenas terminados los estudios primarios, la pobreza lo llevó a enfrentar la vida con cualquier conchabo que se le presentara. De ese modo, ejerció las más diversas ocupaciones: ayudante de mercachifle, vendedor ambulante de bizcochos, podador municipal de árboles, lavador de vagones, repartidor de farmacia, marinero de segunda en la aviación naval... Pero sus ambiciones eran otras. Y tras esas ambiciones, intervenía en cuanto concurso de cantores se le pusiera a tiro. También apareció el amor, que lo condujo al altar con sólo dieciséis años; dos más tarde, se separó de aquella muchacha, llamada Aída Acosta. Por entonces, se inició profesionalmente en la ciudad de La Paz (Uruguay) como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni. Se trasladó luego a Montevideo, para cantar con las de Hugo Di Carlo, Epifanio Chaín, Edelmiro D'Amario —Toto— y Luis Caruso. Con esta última, llegó al disco, donde dejó cinco interpretaciones para el sello Sondor en 1948. En junio del año siguiente, ya estaba en Buenos Aires cantando en cafés, como el Los Andes, de la esquina de Jorge Newbery y Córdoba. También «realizó una prueba —señala Palombo— en la orquesta típica de Joaquín Do Reyes, pero el director consideró que la voz de Sosa era un tanto dura para el estilo interpretativo de su agrupación». En agosto, lo descubrió el letrista Raúl Hormaza, que no demoró en acercarlo a Enrique Francini y Armando Pontier, que andaban con ganas de sumar un nuevo cantor al que ya tenían en su típica, Alberto Podestá. De ganar veinte pesos por noche en el café, pasó a los mil doscientos mensuales con Francini-Pontier. En abril de 1953, pasó a la típica de Francisco Rotundo, con la que grabó en Odeón y de cuyas placas se recuerdan aún verdaderas creaciones como las de “Justo el treinta y uno”, “Bien bohemio” y “Mala suerte”. En junio de 1955 ingresó en la de Armando Pontier y registró sus grabaciones en Victor y Columbia. “La gayola”, “Quién hubiera dicho”, “Padrino pelao”, “Martingala”, “Abuelito”, “Camouflage”, “Enfundá la mandolina”, “Tengo miedo”, “Cambalache”, “Brindis de sangre” o “No te apures Carablanca” fueron algunos de sus clásicos en esa etapa en que el éxito estaba ya completamente de su parte. En 1958, contrajo un nuevo matrimonio, con Nora Edith Ulfed, con la que tuvo una hija, Ana María. Ya separado, reincidió, con Susana Beba Merighi, su compañera hasta el fin de sus días. En 1960 reveló su otro aspecto artístico, el de poeta, con la publicación de un único libro, Dos horas antes del alba. También incursionó en la letra tanguera con una muestra Seis años, que lleva música de Edelmiro D'Amario. A comienzos de 1960, se desvinculó de Pontier decidido a iniciar su etapa de solista. Convocó, entonces, al bandoneonista Leopoldo Federico para que organizara su orquesta acompañante. Con ella comenzó a grabar para el mismo sello en que lo hacía con Pontier, Columbia, en 1961, cuando ya estaba firmemente emplazado en el gusto popular. El periodista Ricardo Gaspari, titular del departamento de prensa y promoción de la grabadora, lo bautizó El Varón del Tango y de igual modo tituló a su primer larga duración. Todo parecía marchar viento en popa. Sólo había un inconveniente, enfrentarse al poderoso auge de la denominada Nueva Ola, el show business de turno, con el que se venían cercenando nuestras raíces culturales en la juventud de la época. Pese al riesgo que ello parecía representar, Sosa logró una venta de discos impensable para un intérprete tanguero de aquellos días y tan abultada como la de cualquier cantante «nuevaolero». Ese enfrentamiento con la Nueva Ola se representó a la perfección en la escena que protagonizó para la película Buenas noches, Buenos Aires (1964), en la que entonó y bailó con Beba Bidart “El firulete”, ante unos jóvenes «twisteros» que terminaban por pasarse a los cortes y quebradas. La realidad no estaba lejos; Sosa logró que una juventud desorientada volviera a la música que le pertenecía. Es por ello que quienes eran jóvenes entonces han olvidado las tonterías de las letras «nuevaoleras» y siguen escuchando al cantor de Las Piedras. Al margen del tango y la poesía, Sosa tuvo otra pasión los automóviles. Fue propietario de un Isetta, un De Carlo 700 y un DKW modelo Fissore; con los tres terminó por chocar, debido a su gusto desmedido por la velocidad. El tercero resultó fatal. Durante la madrugada del 25 de noviembre de 1964, se llevó por delante una baliza luminosa en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla (Buenos Aires). Fue internado en el Hospital Fernández y luego trasladado al Anchorena, en el que dejó de existir el día 26 a las 9:30 horas. Sus restos comenzaron a ser velados en el Salón La Argentina y el exceso de público obligó a continuar el velatorio en el Luna Park (legendario estadio de box con capacidad para 25.000 personar). El 24 había cantado por radio su último tango, “La gayola”. El final parecía profético «pa' que no me falten flores cuando esté dentro 'el cajón». Publicado originalmente en el fascículo 39 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Tango Horacio Sanguinetti Argentina


Tango:

Muchas razones son coincidentes para considerar a Horacio Sanguinetti como una de las plumas que ayudaron a prestigiar la literatura del tango, especialmente en el tramo, justificadamente famoso, que ha quedado clavado en la historia del género como La Década del Cuarenta. A esa calificada e inolvidable hornada de músicos, compositores, autores e intérpretes, perteneció Horacio Sanguinetti. Por sensibilidad, por temperamento y por militancia generacional, trascendiendo cómodamente en ella a través de una fecunda producción —rica y notoria—, que si bien tiene algunos altibajos, está considerada y consagrada en su mayoría, por títulos que se han impuesto holgadamente al olvido. Del nivel e importancia tanguística de esta labor creativa es prueba contundente el hecho de que, a lo largo de toda la década, no hubo orquesta importante que no grabara alguna de sus obras. Todas, desde Aníbal Troilo a Juan D'Arienzo, desde Carlos Di Sarli a Ángel D'Agostino, desde Miguel Caló a Alfredo De Angelis, desde Osvaldo Pugliese a Rodolfo Biagi, pasando por Osmar Maderna, Julio De Caro, Lucio Demare, Antonio Rodio, en fin todas, incluyeron en sus repertorios los títulos más resonantes de este autor. Y tales fueron sus impactos, que muchas de esas composiciones llegaron al disco en forma simultánea, interpretadas por dos o más conjuntos. Volcó su inspiración en la canción popular por conducto de un lenguaje siempre pulcro y cuidado, en el cual, junto a no pocos giros auténticamente poéticos, hizo prevalecer su gran destreza de letrista. Es decir que conjugó, el arte con la artesanía. Y abordó generalmente, el gran tema del tango: el del amor, que trató con romántico vuelo en muchas situaciones diferentes. Es de hacer notar que en su copiosa producción hay otros temas recurrentes. El del mar, por ejemplo, sería uno: “Tristeza marina”, “El barco María”, “Con ella en el mar”, “Novia del mar”, etc. Además el tema de París, volvió a repetirse en muchos de sus tangos: “Viviane de París”, “Bohardilla”, “Ivón”, “Flor de lis”, “Arlette”, “La canción de mi tristeza”, etc. E introdujo en el tango el motivo oriental: “Gitana rusa”, “Oriente”, “En el Volga yo te espero”, etc. El clima afro-tamborilero fue tratado reiteradamente por Sanguinetti: “Alhucema”, “Liula la misteriosa”, “María Morena”, “El barrio del tambor”, “Macumba”, “Corazón de tambor”. Los que sí estuvieron ajenos en lo primordial de su producción fueron los temas camperos y el lunfardo. Como ya dejamos señalado, su sostenido aluvión creativo dejó numerosos títulos que fueron sucesos en el momento de su aparición y que aún siguen vigentes en la difusión, lo que los ha hecho acceder al conocimiento, al gusto y a la aprobación de nuevas generaciones de tangueros. No obstante, y ya en el terreno de tomar partido por algunas de sus obras, donde se define mejor su estilo, su técnica y su oficio, deberemos inclinarnos por “Nada”, “Los despojos”, “Moneda de Cobre”, “Tristeza marina” y “Arlette”. Muy poco se sabe sobre la vida de Horacio Sanguinetti. He rastreado descendientes muy difíciles de encontrar. Incluso los que aún perciben los derechos de autor en SADAIC, quienes nada me han aportado al respecto. Mi búsqueda de una fotografía, aunque más no fuera una, ha sido también infructuosa. En cuanto a sus obras quiero dejar aclarado que al hablar de las fechas de aparición de los títulos, lo haremos tomando el año de grabación de cada uno de los mismos. Es posible que algunas de aquellas obras hayan estado compuestas mucho tiempo antes. Hacia 1939 aparece el nombre de Horacio Sanguinetti en una bellísima canción serrana que grabó Ignacio Corsini, “Morocha triste”, con música del guitarrista Enrique Maciel: despacio la caravana, burritos bajan del cerro, detrás va la provinciana acompañada 'e su perro. A esa aislada aparición le sucede en 1940 una milonga, compuesta en colaboración con Edgardo Donato, “Porteña linda” y, en 1942, uno de sus primeros sucesos “Gitana rusa”, con música de Juan Sánchez Gorio. (Recomendamos leer la crónica de Julio Nudler La gitana judía) En 1943, irrumpe su nombre con fuerza, cantidad y calidad de títulos. Casi sin interrupción da a conocer: “Tristeza marina”, “Moneda de Cobre”, “Arlette”, “El barco María”, “Corazón de carbón”, “Palomita mía”, “El barrio del tambor” y “Aquellos besos”. El año 1944, marcará el momento mayúsculo de sus obras y de sus éxitos. Se estrena su mejor obra, o tal vez la más difundida: “Nada”, que alcanzaría con el correr del tiempo incontables grabaciones. Y sin solución de continuidad siguen: “Oriente”, “Bohardilla”, “Alhucema”, “Rosa celeste”, “Magnolia triste”, “Flor de lis”, “El lecherito”, “La gran aldea”, “Trotamundos”, “En el fondo del mar”. El siguiente año continúan los éxitos: “Discos de Gardel”, “Ivón”, “Paloma”, “Zapatos”, “Mis amores de ayer”, “Mañana no estarás”, “Nieve de amor”, “Hoy te quiero mucho más”. En 1946 quedan registradas “Viviane de París”, “Con ella en el mar”, “Noche de tangos”, “Historia de amor”, “Café” y “La canción de mi tristeza”. En 1947, aparece su memorable: “Los despojos” y también “Amiga”, “Era en otro Buenos Aires” y la milonga “Pueblera”. En 1948, “Milonga para Gardel” y posteriormente “Barro”, “Bailarina de tango”, “Viejo cochero” y el vals “Esmeralda”. Las obras enumeradas representan lo más significativo de su inmensa producción. Falleció en Montevideo, Uruguay. 

Tango Nora Bilous Argentina

Tango:

Es una de las intérpretes destacadas del momento. Su repertorio conjuga tangos clásicos con obras propias de muy buena factura. A partir del año 2003 a nuestros días, desfiló por los más importantes escenarios porteños. Por su historia, destacamos sus presentaciones en dos de ellos: los míticos Café Tortoni y Café de los Angelitos, este último desde el 2007. Su primer trabajo discográfico Tango - Encanto de Mujer (2004) apareció como su mejor tarjeta de presentación. Tanto la crítica especializada como el público reconocieron «a una cantante que excede las condiciones naturales con mucha técnica y una capacidad de interpretación encomiable». En diciembre de 2005, presentó su segundo trabajo discográfico Desde otro lado, también muy bien recibido por el público y donde comienza a desarrollar su veta de cantautora. Durante el 2007, produjo, grabó y editó su tercer disco, Presente, junto al pianista Juan Rivero, quien hizo la dirección y los arreglos. En esta obra, se afianzó como poeta, proponiendo unos versos luminosos y frescos, a través de una desinhibida y placentera interpretación. Su nuevo material gozó de buena crítica. En el texto adjunto al disco están expresadas las opiniones de Raúl Garello, Juanjo Domínguez y Armando Rolón. En diciembre de 2007, fue seleccionada junto a Juan Rivero, Dúo Bilous-Rivero, en el concurso de intérpretes para la Programación Cultural de los Bares Notables 2008, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, está actuando en la Esquina de Homero Manzi, en Clásica y Moderna, en el Café Homero, entre otros locales tangueros.

Tango Fidel Martín Carrouche Argentina

Tango:

Cuando en una publicación semanal, a mediados del año 1957, Hugo Del Carril comenzó a relatar los pormenores de su vida artística, de inmediato recaló en los amigos del barrio que fueron sus primeros oyentes y fieles admiradores. Allí mencionó que, a uno de ellos, se le ocurrió proponerle dar serenatas, y así hicieron. La primera homenajeada fue una niña, con un vals titulado “Trovas [b]” compuesto por uno de los muchachos de apellido Spindola. Los otros eran los hermanos, Mario y Martín Carrouche, el pianista Emilio Castaing y, por supuesto, Carlos Cáceres primer seudónimo del que después fuera Hugo Del Carril. Junto a ellos sumaba como guitarrero otro vecino de apellido Larrieu. Una piecita en casa de los Carrouche, que estaba en la calle Santander y Rivera Indarte, en el barrio de Flores, los tenía horas tocando y cantando. Y llegó la idea expresada por Martín de formar un trío. Poco tiempo después, nació el Trío París compuesto por Podestá, Cáceres y Castaing. El debut fue en Radio del Pueblo con buena acogida a un repertorio internacional, pero nada de dinero. Después llegó un contrato para el Teatro Fémina, luego Comedia, era un teatro de revistas donde aparecían en escena de manera muy particular. A los tres los metían en un cofre de papel de varios colores y, a un acorde de la orquesta, se erguían rompiendo la envoltura para aparecer cantando rodeados de varias muchachas. De pronto fueron un cuarteto cuando se agregó Mario Carrouche, excelente cantor, pero el conjunto tuvo vida efímera porque a Martín se le presentó la oportunidad de alinearse en la Orquesta California, hawaiana la llamaban. Luego a este tipo de conjuntos se les denominó orquestas características porque interpretaban todos los ritmos. En esa formación cantó junto a las Hermanas Desmond, haciendo la rutina habitual de emisoras de radio, teatros y clubes. Aquel cuarteto volvió a ser trío y luego sólo una anécdota en el derrotero de Martín y de Hugo Del Carril. Desde 1935 y hasta comienzos del 40, revistó en el conjunto de Pedro Maffia. Radios, teatros, giras al interior del país hasta llegar a la zona patagónica y luego, el famoso Casino de Viña del Mar, en Chile, los recibe en el verano de 1938. De regreso al país continuó cantando en diversos escenarios. Es posible que tanto movimiento lo alejara de los estudios de grabación, pues fue en 1936 que registró una única placa, “Sombras porteñas”, vals de Sebastián Piana y Maffia con letra de Homero Manzi, que cantó también para el film homónimo dirigido por Daniel Tinayre y estrenado el 25 de febrero de ese año en el cine Ambassador. Entre otros, actuaron Maruja Gil Quesada, Francisco Petrone, Alberto Anchart y Mercedes Simone canta un tema. Luego, vendría su momento de gloria cuando fue convocado por Pedro Laurenz, con quien, en sólo cuatro meses, grabó cuatro temas. Debutó con “La vida es una milonga”, del bandoneonista Fernando Montoni y Rodolfo Sciammarella, el 5 de septiembre de 1941. Después, seguirían: “Quedate tranquilo”, registro del 2 de diciembre de 1941; “Flores del alma”, del 7 de enero de 1942 y, en la misma fecha, “Al verla pasar”. Como galán y cantando acompañado por guitarras, participó en una temporada teatral en la compañía de la comediante Leonor Rinaldi. Algunas presentaciones en diferentes radios dieron fin a su carrera, cuando recién contaba con 33 años de edad. Trabajó como empleado en un organismo del Estado, hasta su jubilación por razones de salud. Fue autor y compositor de varios tangos: “Calle de mis recuerdos”, “Tristezas” y “Sin esperanza [b]”, con Santos Lipesker; “Charlando” y “La cita”, con Juan Bautista Gatti; “Ronda del tango” y “Yo soy aquel porteño”.