jueves, 22 de septiembre de 2016

Tango Alfredo Calabró Argentina

Tango:

Nació en pleno centro de Buenos Aires, en Viamonte y Reconquista. Sus padres se llamaban Vicente y Francisca Papalía. Fue un músico de la generación a la que pertenecieron los grandes del género: Aníbal Troilo, Alfredo Gobbi, Joaquín Mora, Osvaldo Pugliese y Ángel D'Agostino, para nombrar algunos. Fue un ejecutante de gran sensibilidad, agradable de escuchar y con pimienta suficiente para entusiasmar a los bailarines. Debuta en 1927, en la confitería Metropolitan, en una orquesta juvenil junto a Orlando Goñi. En 1929, es convocado por Osvaldo Fresedo, luego se incorpora a la agrupación de Anselmo Aieta y, finalmente, pasa a la del violinista Eugenio Nobile, para actuar en la confitería Marzotto, de la calle Corrientes. Cayetano Puglisi lo contrata como primer bandoneón de su orquesta, en 1934, para sus presentaciones en Radio Fénix. Más tarde, pasa brevemente por la formación de D'Agostino para terminar en la de Joaquín Mora, para cubrir el lugar dejado por Ángel Domínguez. A finales la década del treinta, está al frente de una orquesta de repertorio internacional. En 1937, integra la orquesta recientemente formada por su amigo Osvaldo Pugliese, como primer bandoneón, para sus presentaciones en el Café Germinal. Al año siguiente, lo encontramos en la orquesta del rubro Lucio Demare-Elvino Vardaro, para actuar en Radio Belgrano. Al poco tiempo se aleja Vardaro y queda al frente de la misma, Lucio. En 1941, pasa a la orquesta de Juan Canaro, con quien hace una extensa gira por el mundo. A su regreso, fines de 1942, decide formar su propia orquesta y debuta en Radio Mitre, con el cantor Héctor De La Fuente. Unos años más tarde, se une a Emilio Orlando, con la voz de Carlos Acuña, para hacer un importante ciclo en los micrófonos de Radio El Mundo. En 1948, el cantor uruguayo Enrique Campos se desvincula de la orquesta de Francisco Rotundo y se une a Calabró. Así nace el rubro Campos-Calabró. Grabaron para el sello Sondor el tango “El pecoso” y la milonga “Cargamento”, material que considero, no puede faltar en la discoteca de los amantes del tango, una verdadera joya. Al frente de su orquesta, en 1952, se presenta en Radio Libertad con las voces de José Torres y Jorge Ledesma. En 1954, regresa a radio El Mundo con José Torres y Raimundo De La Peña y, en 1958, pasa a Radio Belgrano, con José Torres y Alberto Aguirre, a quien posteriormente suple Oscar Corvalán. Sus últimas actuaciones fueron con un trío que completan Arturo Gallucci en contrabajo y Lorenzo Ranieri en guitarra. Actuaron muchos años en los espectáculos que ofrecía el restorán El Mesón Español, de la avenida Caseros, en el costado sur de la ciudad de Buenos Aires. Como compositor se destacan sus tangos “Jazmín”, “Decime”, “Corrientes y Maipú”, “Vos hacés lo que querés”, “Tiene razón amigazo” y “En un gris amanecer”.

Tango Julio Carrasco Uruguay

Tango:

Como muchos músicos dedicados al tango y nacidos en las décadas de 1900 y 1910, Julio nació en la otra orilla del Rio de la Plata, en la ciudad de Montevideo. Hasta unos pocos años antes de cumplir sus treinta de edad, viajó por gran parte del mundo y estuvo radicado en España, formando parte de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Pero cuando se desató lo peor de la guerra civil, en 1936, emprendió el regreso a Buenos Aires. Ganado por el tango, se vinculó a un director que recién comenzaba a dar que hablar: Osvaldo Pugliese. Habían terminado las actuaciones de los sextetos con Alfredo Gobbi y con Elvino Vardaro; experiencias maravillosas que no llegaron lamentablemente a perdurar y mucho menos a dejar registros sonoros. Se iniciaba la etapa de probar suerte formando la orquesta propia, la primera, en 1937 con algunos de los músicos de los sextetos: por ejemplo el bandoneonista Alfredo Calabró y el violinista Antonio Puleio. Se suman Julio Carrasco en violín, Luis Bonnat en bandoneón y Aniceto Rossi en contrabajo, más Pugliese en piano. Debutan en el café Germinal de la entonces angosta calle Corrientes 942, con relativa repercusión. El nuevo y definitivo intento llegaría en 1939, exactamente el 11 de agosto, cuando debutan en el café El Nacional de Corrientes 980. Hasta 1966, con una permanencia de 29 años, Julio Carrasco integró la orquesta como segundo o tercer violinista y arreglador. También fue mucho tiempo una especie de administrador, ya que llevaba los libros contables de la orquesta que funcionó siempre como una cooperativa. Durante este prolongado periodo, mantuvo con Osvaldo Pugliese una excelente relación laboral, compartían ideales políticos y musicales, pero no llegaron a ser amigos. Lamentablemente, nunca grabó un solo, que nos serviría hoy para conocer su vibrato; pues su sonido se funde en el todo orquestal dentro de la fila de cuerdas. De todas formas por comentarios de sus colegas, era un muy buen ejecutante, un violinista de formación académica, con amplias posibilidades técnicas. Tuvo oportunidad de ser promovido a solista cuando se fue Enrique Camerano, pero no quiso aceptar ese puesto. (Su hijo Néstor me contó hace algunos años estos detalles). Integró la orquesta compartiendo la fila de cuerdas con Aniceto Rossi y Alcides Rossi en contrabajo, los violinistas Enrique Camerano y Jaime Tursky; luego Oscar Herrero y Emilio Balcarce. Más tarde se sumaron Francisco Sanmartino y luego Norberto Bernasconi en viola, Adriano Fanelli y Enrique Lannoo en violonchelo. Y con los bandoneonistas Enrique Alessio, Luis Bonnat, Alberto Armengol, Osvaldo Ruggiero, Esteban Gilardi, Mario Demarco, Roberto Peppe, Oscar Castagniaro, Jorge Caldara, Ismael Spitalnik, Víctor Lavallén, Julián Plaza y Arturo Penón. Cuando dejó la orquesta, fue reemplazado nada menos que por Raúl Dominguez (Finito), un excelente solista que otrora brillara en la orquesta de Francisco Rotundo con solos memorables como por ejemplo el del tango “Milonguera”. Fue muy destacada su labor como compositor y arreglador, dejando versiones antológicas para el repertorio de la orquesta. En 1946, escribió el arreglo del tango “Fuimos” que grabó Roberto Chanel. En 1951, hizo la armonía de violín para el tango “Pasional”, arreglo de Roberto Peppe, que grabara Alberto Morán con total suceso. El solo lo tocó y grabó dos veces Enrique Camerano. En 1954, arregló dos tangos para el cantor Juan Carlos Cobos: “No es más que yo” y “Te aconsejo que me olvides”. Hizo lo propio con “Silencio” en 1959 para el cantor Jorge Maciel. Capítulo aparte merecen sus composiciones que básicamente orquestó él mismo, con la colaboración de Osvaldo Ruggiero. Son una trilogía de hermosos tangos: el primero es de 1945, “Flor de tango”; de raigambre decareana, con la influencia de esa escuela y de esa forma estilística. El piano va preparando con breves intervenciones solistas el camino al violín solista que cantará su armonía hasta la variación final del cuarteto de bandoneones, que en ese momento integraban Ruggiero, Caldara, Gilardi y Castagniaro. En 1950 da a conocer “De floreo”, con menos impacto rítmico que el anterior. Es más denso en su estructura general, con otra concepción armónica y tiene un solo de violín magistral a cargo de Camerano. Ya no tiene la característica variación final de bandoneones, sino un esbozo de pocos compases. Forma parte de aquellos tangos surgidos en los comienzos de esa década, de similares formas: poco melódicos y fuertemente armónicos, con un trabajo orquestal muy cuidado, como “El refrán” de Roberto Peppe, “El tobiano” de Emilio Balcarce, “Don Atilio” de Pugliese y “Don Aniceto” de Esteban Gilardi. Cierra la trilogía con “Mi lamento”, grabado en 1954. Aquí otra vez Julio Carrasco repite la ecuación o también podríamos pensar que encontró su identidad como compositor. Escribe otro profundo y sentido solo de violín, para el total lucimiento del maestro Enrique Camerano. Formó parte de los viajes históricos de Pugliese a Rusia y China en 1959 y a Japón en 1965. En 1966, a los 59 años de edad decide jubilarse, para dedicarse a su familia. Continúa igualmente estudiando y tocando el violín en su hogar, sin las exigencias del trabajo profesional. Su trayectoria fue ejemplar, silenciosa y ampliamente valorada por colegas y por todos los que gustamos del tango. Este músico nacido en Uruguay, formado profesionalmente en España y finalmente atrapado por el tango argentino, falleció en Buenos Aires a los 81 años, con la tranquilidad del deber cumplido. Vaya nuestro homenaje y reconocimiento. 

Tango Ángel Sica Uruguay

Tango:

Despertó tempranamente a la música logrando muy joven consagrarse profesor de piano. «Yo estudié para tocar el tango», expresó entonces a alguien que le preguntara a qué género se iba a dedicar. En un cine de la barriada de la Unión tuvo sus primeras actuaciones en la época del cine mudo y ya en 1926 forma parte de un terceto junto al violinista Federico Lafémina y el bandoneonista José Laina (Bachicha) para acompañar a la cancionista Lucy Clory en la revista Guarda con la atropellada que se representaba en el Teatro Royal, en la calle Mitre, al costado del Teatro Solís. La siguiente etapa ha podido ser documentada por la invalorable colaboración del Sr. José Marín Lorenzo, que actualmente es Consejero de la Sociedad Uruguaya de Intérpretes y se desempeñó como bandoneonista en el sexteto Sica-Maquieira, formado en 1928. Inicialmente Ángel Sica (piano) y Francisco Maquieira (bandoneón) dirigían acompañados por Arnoldo Rodríguez a quien se le conocía por el sobrenombre de Pantalón, Américo Perelló (primer violín), Hugo Pereira (segundo violín) y M. Estella (contrabajo). Al año siguiente nuestro gentil informante sustituía a Arnoldo Rodríguez. Actuaban en los cines Victoria y Las Delicias, a mediodía en el Café Tupí Nambá y los trasnoches en el cabaret Chantecler. Era un conjunto de estilo decariano y muy ensayado. Por entonces Sica y Maquieira publican el tango “Qué hacés gigoló” con letra de Romeo Yorio en edición de Juan Feliú e hijos. Los directores toman caminos artísticos distintos y Ángel Sica, con Francisco Panedas, emprendieron una larga gira en enero de 1931 cuya primera etapa fue Río de Janeiro, para presentarse luego en más de cuarenta ciudades brasileñas. Consignamos los nombres de aquellos pioneros que fueron, a nuestro juicio una única y sorprendente tournée de músicos uruguayos por América y Europa. Ángel Sica (pianista y director), Francisco Panedas (bandoneón y director), Arnoldo Rodríguez (bandoneón), Julio Carrasco y José Alberto Ladart (violines). Se presentaron luego en Georgetown, capital de la Guayana inglesa y luego en Cayena, Guayana francesa donde Ángel Sica escribe un tango dedicado a dicha ciudad y tituló “Cayenne”. Pasaron luego a Venezuela y promediando 1931 se trasladaron a España. Varias semanas de actuación en el Teatro Cómico de Barcelona, una breve presencia en Melilla en el norte de África y nuevamente en Barcelona, esta vez en el dancing El Gato Negro, donde Lucio Demare tentó a Sica para que el sexteto Sica-Panedas y su propio conjunto, que encabezaba con Irusta y Fugazot emprendieran una gira europea. La proposición fue aceptada, transitaron juntos más de un año. Durante su estadía en Barcelona el conjunto Sica-Panedas grabó discos Delfus y también tuvieron actuación en el cine sonoro español en la película Los últimos días de Pompeya, valiosos detalles que consigna la revista Cancionera, al regreso de Ángel Sica, en su edición del 5 de julio de 1933. Cumple el celebrado pianista una etapa en la orquesta Agapios-Perelló que luego se conocería artísticamente con Nicolás Agapios como único director. Se desvincula transcurriendo 1937. Convoca destacados músicos y forma una excelente orquesta. Trabaja incesantemente. En 1937 su orquesta es figura principal en CX 30 Radio Nacional, emisora en la que cumplió casi toda su actuación radial. Su primer cantor fue un excelente intérprete: Alcides De María y Mabel Ortiz sería su cancionista en 1938, Violeta Gómez en 1939 y Gloria Grobba en 1944. En 1941 había grabado un disco en la primera tanda realizada por la empresa uruguaya Sondor, una de cuyas faces contiene su tango “Meditación [b]”, con versos de Alcides De María. Ángel Sica fue, en la década del 40, importante colaborador de la orquesta del violinista Roberto Lurati. Su espíritu andariego lo impulsa a viajar, en 1947 a Río Grande do Sul, contratado para una larga temporada por la boite-casino de Passo Fundo al frente de un sexteto que dirige y arregla, acompañado por Pedro Casella y N. Cabral (violines), Arnoldo Rodríguez y Sócrates García (bandoneones), Alfredo Peña (contrabajo) y Jorge Escalada como vocalista. Da a conocer su tango “Un soñador” en el carnaval de 1950 cuando compartía el cartel con la famosa agrupación de Xavier Cugat (Teatro Solís), y al año siguiente actúa en el Restaurant Municipal del Prado con el cantor Carlos Dumas y también en los famosos bailes que se realizaban en la sede del Club Colón, en la Av. San Martín y Fomento. Entendemos suficientes los apuntes que preceden, para dejar en evidencia la vida artística de un gran tanguero. Era, además un excelente solista de piano. Nuestro querido amigo el maestro César Zagnoli nos aportaba un dato inédito sobre Ángel Sica, diciéndonos que ensayaron juntos un dúo de pianos y que la idea no tuvo concreción porque Sica se accidentó al bajar del palco y todo quedó en la nada. Sólo perduró el inalterable aprecio que ambos se profesaban. No lo atrajo demasiado la composición, pero su ficha autoral en AGADU reúne catorce temas. El último, “Milonga criolla” que comparte con Miguel Villasboas fue registrado el 11 de marzo de 1965, unos años antes de que se produjera su sentido deceso el 22 de setiembre de 1969.

Tango Joaquín Mora Argentina

Tango:

De padre argentino y madre uruguaya —de Paysandú— nació Joaquín Mauricio Mora en Buenos Aires, el 22 de setiembre de 1905. Vivió niñez y adolescencia cerca de los patios de los studs de Palermo, donde su padre desempeñaba sus tareas. A los once años inició estudios musicales bajo la égida de los maestros Antonielli y Romaniello. En 1916, ingresó al conservatorio Santa Cecilia graduándose profesor de piano en 1921. Inició cursos de perfeccionamiento con Arturo Luzatti, culminándolos con recitales de piano en el salón La Argentina. Desde los dieciocho años comienza a actuar en bailes y reuniones con músicos de intrascendente trayectoria y un año más tarde es el pianista del cuarteto de Graciano De Leone en el salón La Argentina, precisamente el lugar donde culminara sus estudios superiores. Así llegamos a un acontecimiento casual que resultara trascendente en la trayectoria de Joaquín Mora. Después de un ensayo en su casa, su amigo el bandoneonista José Fiotti dejó allí su instrumento. La curiosidad tentó a Mora para sacar unas notas y abordar un pasaje de la melodía de “La cabeza del italiano”, tango de moda de la época. Entusiasmado por haberlo logrado, compró un bandoneón a pagar en cuotas con el que venía un método de aprendizaje. En poco tiempo se convertiría en excelente bandoneonista. En tal carácter debuta en la orquesta de Antonio Bonavena, en 1928, y, por entonces, escribe su primer tango a medias con José Fiotti, titulado “Viejo barrio”. Forma parte luego de un trío con Eduardo Pereyra y Alcides Palavecino, trabajando en un café de Flores. El autor de “El africano” sería de enorme gravitación, afiliándose definitivamente en la tendencia romántica, en creación e interpretación del tango. En 1929, Joaquín Mora revista en las filas de Vicente Fiorentino con su violín, junto al pianista Plácido Simoni Alfaro y Francisco Fiorentino, bandoneonista a su lado. Trabaja intensamente y entonces Alberto Cima, que regresaba de Europa lo convoca para formar parte de su conjunto, presentándose en un café de Parque Patricios, ya en 1930. Esa pequeña orquesta la integraban su director y Joaquín Mora, bandoneones, Luis Minelli, piano y el violinista Luis Cuervo. Mora está presente en las grabaciones para el sello Columbia de la orquesta Bonavena y de la típica Columbia dirigida por Alberto Castellanos y con Bonavena realiza una exitosa temporada en Radio Prieto. Crea entonces algunos tangos de extraordinaria belleza: “Divina”, al que pusiera letra en 1934 Federico Saniez, “Nupcia”, “Leyenda” y “Mi estrella”. Nos recordaba Joaquín Mora, muchos años más tarde, que, a propósito de la estructura de “Mi estrella”, que es uno de sus grandes tangos, un amigo músico le decía por entonces: «¿Por qué no hacés tangos como los demás autores?». A fines de 1930, junto a Orestes Cúfaro, pianista que había sido compañero en la orquesta Bonavena, y el violinista Roberto Zerrillo, acompañaron a Azucena Maizani en su viaje a Europa, realizando sus presentaciones en España, Portugal y parte de Francia. Dentro de esa gira, encontrándose en la ciudad española de León, Mora compuso su tango “Yo soy aquel muchacho”, que complementaría años más tarde con el violinista Vicente Russo y los versos de Máximo Orsi. Joaquín Mora se incorpora a la orquesta de Irusta-Fugazot-Demare en España. Al retornar a Buenos Aires, casi a fines de 1933, pasa a trabajar en la orquesta de Vicente Russo en Radio Splendid. Allí, además de complementarse, “Yo soy aquel muchacho”, también en colaboración con el director de la orquesta da a conocer su tango “Ushuaia” y, en el carnaval de 1935, reforzando la orquesta de Miguel Caló en los bailes del teatro de la Opera, al terminar una actuación, comprobó que le habían robado su bandoneón. Esta imprevista circunstancia marca un nuevo rumbo artístico a sus actuaciones, volviendo definitivamente al piano, creando su gran estilo de interpretación. Desde el citado acontecimiento, Joaquín Mora forma su orquesta, actuando muy fugazmente y decidiendo formar un trío con dos cantores, al estilo de Irusta-Fugazot-Demare, convocando a esos efectos a Antonio Rodríguez Lesende y Héctor Morel (Héctor Cardinale). Morel-Lesende-Mora ha quedado en el recuerdo de los nostalgiosos como una expresión de originalidad y exquisita calidad. Paralelamente, entre 1936 y 1937, se dedicó al acompañamiento de cantores y cancionistas. En forma especial se destaca su presencia junto a Cayetano Puglisi y Ciriaco Ortiz en las presentaciones de Hugo Del Carril en Radio El Mundo y con dos cantores, Héctor Achával y Mario Podestá encabezó otro trío, con presencia ante micrófonos de la desaparecida Radio Ultra. Nos refiere el Dr. Luis A. Sierra dos acontecimientos que nos retrotraen en el tiempo, al año 1934. En una madrugada, junto al piano, en el apartamento de José Pascual, Mora sacó de su bolsillo un pequeño papelito conteniendo los versos que Julio Jorge Nelson le entregara en el café Los 36 Billares, de la calle Corrientes, los leyó y surgirían enseguida las notas de “Margarita Gauthier”, uno de sus mayores éxitos musicales. Y fue también por entonces que Alfonso Ortiz Tirado estrenara “Divina”, página romántica preferida desde siempre por todos los solistas de piano y bandoneón del tango y también de los cantores. Entendemos que se hace necesaria la mención de obras de Joaquín Mauricio Mora para dar una imagen, cuanto menos aproximada de la dimensión de un gran compositor: “Si volviera Jesús”, con versos de Dante A. Linyera (1935); “Esclavo”, “Cofrecito” (vals) y “En las sombras”, los dos primeros con José María Contursi (1936); “Como aquella princesa” (1937), “Frío” (1938) y “Más allá” (1939) todos con José María Contursi. Consignamos dos colaboraciones con autores uruguayos: “Canción de junio (Sol de invierno)”, versos de Ignacio Domínguez Riera y “Dos banderas (Himno del Río de la Plata)”, con letra del entonces periodista Onofre Mir, estrenado en el Círculo Oriental de Buenos Aires. En el año 1941, arregla un excelente conjunto típico que se presenta en Radio Belgrano, la orquesta de Ebe Bedrune, que procedía de la ciudad de Rosario y, un par de años más tarde, emprende una gira recorriendo toda América, con radicación más o menos estable en Medellín hasta 1959 y, finalmente, en Panamá. Allí interpretaría toda suerte de géneros musicales, desde el piano o desde el órgano. A fines de 1978, regresó a Buenos Aires, habían pasado 35 años. Le decía al diario La Prensa, el 8 de diciembre de 1978: «Me cansé de sentirme extranjero, se me hizo insoportable. Y he vuelto a casa». Ya estaba entonces gravemente enfermo y, por otra parte, sus amigos, casi todos ellos, ya no vivían, circunstancia que le provocó gran tristeza y un día, silenciosamente, como había llegado, retornó a Panamá. De allí nos enteramos, en un escueto cable, la noticia de su deceso, acaecido el 2 de agosto de 1979. Tuvimos el privilegio de mantener por años correspondencia con Joaquín Mora, cumplido caballero y amigo por sobre todo. Quería mucho al Uruguay, «porque de allí era mi madre», nos decía. «Las formas de expresión de esta gran figura del tango encierran la difícil conjunción de la sencillez melódica y la sugestiva riqueza de un original ornamento armónico, que define y caracteriza la labor autoral de uno de los más admirables cultores del tango». Estos son los certeros y admirables conceptos trazados por la magistral pluma de Luis Sierra en un trabajo que nos dedicara. Originalmente publicado en Ochenta notas de tango. Perfiles biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay.

Tango Carlos Bermúdez Argentina


Tango Última Entrevista a Carlos Bermúdez:

EL 4 de marzo de 1993, en un café de Paraná y Corrientes, charlamos con Bermúdez recordando momentos de su vida. 
«Mi labor como cantor siempre la tomé más como una vocación que pensando en ganar dinero. Lo mío fue amor al arte, para satisfacer mi espíritu. Todas las semanas vocalizo con mi maestro Juan Manuel Miró. Yo andaba mal de la voz y él con esfuerzo me recuperó el registro y creo que estoy cantando mejor que antes. 
«Llegué a la orquesta de Pedro Laurenz por casualidad. Fue por mi amistad con José Rótulo. Un día me llamó: «Mirá, estoy con Laurenz, por qué no te venís, resulta que se va Alberto Podestá y quiere escucharte». 
«Y en casa del mismo Rótulo, me reuní con Laurenz y allí me tomó una prueba y fue satisfactoria. Recién empezaba y sentí un gran temor, sabía lo que era reemplazar al gordo Podestá. 
«La primera grabación fue “Llueve otra vez”. Me temblaban las piernas en los estudios de Odeon. Ese tema lo eligió él, pero otros surgieron después de charlarlo. “Más solo que nunca” fue el segundo grabado. Un día apareció Enrique Dizeo, su autor: 
«Mire pibe este tema es para usted, quiero que lo grabe, nadie lo va a hacer antes.» 
Se grabó y estoy convencido que es el mejor de los que realicé. 
«En mi casa hacíamos asados muy seguido y era habitual la presencia de gente del ambiente: Edmundo Rivero, su hermana Eva, Aldo Calderón. También Alberto Acuña, hombre afable, siempre tomaba la guitarra y se ponía a cantar. Una noche me dijo que tenía un tema para mí ¿Cuál? le pregunté. Y lo cantó. Me gustó, se lo propuse a Laurenz y se grabó. Era “Temblando”. 
«Yo había cantado con Alberto Nery cuando tuvo su orquesta. Fue antes de la posibilidad con Laurenz. Se lo dije a Nery y él respondió que no debía desaprovecharla. Eso no significaba que no sintiera mi partida, lo vi un poco huérfano cuando me pidió que encontrara a un reemplazante. 
«Una noche en el Cabaret Marabú, viéndolo actuar a Carlitos Dante, lo encaré: «Mire Carlitos usted me tiene que hacer un favor...» Y le conté que Nery estaba muy afligido. «No, no, ya estoy cansado de hacer esta vida, andar de un lado para otro...» Finalmente aceptó y comenzó con aquella orquesta, de allí lo sacó De Angelis. Y Dante que iba a dejar la carrera se encontró con el comienzo de su etapa de más éxito. 
«Poco antes de grabar mi último tema con Laurenz le comenté que era mucho trabajo para mí solo. Hacíamos Radio Belgrano, grabaciones, sábados y domingos radio, bailes y el cabaret, terminaba reventado. Así fue que Grané, el pianista, apareció un día con Jorge Linares que fue mi compañero de los cantables, e inmediatamente grabamos “Mendocina”, cuyo autor era uno de los dueños del Cabaret Ocean. Fue el único dúo con la orquesta de Laurenz. 
«Penella, que era mi representante mientras estuve con Laurenz, me propuso ir con Horacio Salgán que buscaba un compañero para Edmundo Rivero. Tomé parte de un concurso que había organizado Salgán. De 35 participantes llegamos José Torres —quien luego cantó con Alberto Mancione— y yo. Fui el elegido, y dos días más tarde Salgán me citó a Radio El Mundo. Allí lo vi por primera vez a Rivero, con quien fuimos amigos hasta su muerte. 
«Hicimos en Radio El Mundo muchos bailes. El misterio fue por qué no grabamos juntos. Supongo que habrá sido porque Horacio Salgán era de avanzada. Estuvimos en el Tango Bar y nuestro público, más que la gente del pueblo, eran los músicos y cantores que venían a escucharnos y a encontrar algo que pudieran criticar. Llegaron a copiar arreglos de Salgán o sacaban enseñanzas que luego aplicaban en sus trabajos. 
«Con Horacio el primer tema que hice fue “Margarita Gauthier”. Otros temas que recuerdo fueron: “Yo”, “Lluvia de abril”, el vals “Por el camino”, de Tagle Lara, etcétera. 
«Una anécdota: muchas veces Salgán, Rivero y yo íbamos al Cine Florida que tenía un órgano. A Salgán le permitían acceder a él. Entonces tocaba y nosotros cantábamos, pero no tangos sino canciones folclóricas, zambas y otros ritmos. A tanto llegó el entusiasmo que con Rivero le propusimos hacer folclore. Y así ocurrió. En donde actuábamos terminaba la rutina y comenzaban las zambas, y Rivero incorporaba su guitarra. Gustó muchísimo. 
«Odeon, por aquella época, grababa obras de autores colombianos. Pasillos, tangos colombianos y otras cosas. El director de Odeon, nos llamó a Rivero y a mí y nos contó de su proyecto de formar un conjunto para canciones colombianas. De ahí resultaron Los Cantores del Valle. Estaban Elvira Tamassi con su esposo, Ubaldo De Lío... Eran unas bodrios terribles, para morirse. Los arreglos los hacía Rivero con De Lío. Yo cantaba “Murió mi madrecita”, de Rivero, un tango. Eran letras inauditas. También hicimos algunos dúos. Sin embargo en Colombia tuvimos una gran repercusión. 
«Actuábamos con Salgán en Tango Bar, cuando me llamó un señor colombiano, Washington Andrade, autor de alguno de los temas que grabamos y muy reconocido allá. «Mire —dijo— yo he venido a contratarlos. En Colombia tienen un gran éxito. Si llegaran en éste momento recogen la plata a paladas». Rivero no quiso prenderse. Fue una pena, pudimos haber ganado mucha guita. 
«Un recuerdo para Ciriaco Ortiz. Estuve con su orquesta en 1948. Actuamos en el Casino de Mendoza. Luego de conocerlo directamente le pregunté: «Escúcheme maestro, ¿cuánto me va a pagar por estas actuaciones?». «No se haga problemas Bermúdez, si usted conmigo se va a morir de risa...» 
«Actué también con Pedro Maffia y con él mi relación fue muy especial. Maffia fue un gran ejecutante. En una actuación vi como se acercaron dos señores al palco y se quedaron mirándolo. Cuando terminó la pieza le preguntaron: «¿Qué tiene ahí adentro que sale un sonido tan hermoso?» Una de las noches de Mendoza en que estaba con Ciriaco, se apareció Maffia y tocaron juntos. Fue extraordinario. 
«Fui amigo de Juan Carlos Howard y un día me anunció que formaría un sexteto, preguntó si yo quería ser su cantor. Le dije que sí y resultó. De los muchachos recuerdo a Máximo Mori, a Arnaiz, un violinista García, un bajo que luego trabajó con Héctor Varela... fue muy breve, pero llegamos a actuar en radio Splendid y grabamos dos discos, cuatro temas, no sé si se editaron. 
«No puedo olvidarme de Juan Bava, el padre del referí de fútbol. Yo era el cantor de su orquesta. Hacíamos bailes en los barrios hasta que una vez intervinimos en un concurso de aceite Cocinero. Con él llegué por primera vez al disco grabando la marcha del Club Atlanta. 
«Mi primera salida del país fue rumbo a Chile, recorrí varias ciudades hasta llegar a Arica. De allí pasé a Perú. Luego a Colombia y ahí la gran sorpresa. En el hotel encendí la radio, a los cinco minutos pasaron un tema mío con Laurenz. Al rato cambié de estación y lo mismo. Llamé a las emisoras para agradecer. La reacción de los de la radio fue extraordinaria y al rato se apareció un auto de una emisora. Charlamos y arreglamos para el domingo siguiente. 
«Ese día me encontré con una multitud. Había cordón policial porque a los estudios no entraba más nadie. Fue por 1960, después de tantos años aún recordaban mi paso por la orquesta de Laurenz y Los Cantores del Valle, porque en casi todas las "rocolas", o tocadiscos de los bares estaban los temas que hicimos con Rivero. 
«Había. un gran amor por el tango, era común entrar a un bar y ver las paredes decoradas con fotos de tangueros. 
«Actuando en Perú me vinculé con dos argentinos, Julio Genta y un sobrino de los hermanos Servidio. Trabajábamos juntos y nos fue bien. En 1969, también en Perú, grabé “Frente al mar” y “El último café”, para el sello Sonoradio, acompañado por el bandoneonista Domingo Rullo (nada que ver con el flautista), un pianista de jazz Enrique Linch (director artístico del sello), seis violines, cello, bajo. 
«En 1970 anduve por Ecuador. Grabé un larga duración en el sello Fadisal. No encontré músicos argentinos que pudieran acompañarme y lo hice con el conjunto Los Reales, eran dos ecuatorianos —uno ciego—, y un mejicano. Guitarra y dos requintos. Consiguieron tres guitarristas más y un bajista. Como no teníamos partituras ni discos, yo les silbaba o cantaba los temas. En la grabadora me exigieron poner música ecuatoriana e hicimos cuatro pasillos y un vals. El resto tangos y alguna milonga. 
«Comencé hablando de Juan Manuel Miró y quiero terminar hablando de él, mi maestro de canto. Años atrás (1985) yo actuaba en El Viejo Almacén y andaba con la voz totalmente descolocada. Alguien me lo recomendó y fui, le expliqué la situación. Que mi vibrato estaba en bandera, que no andaba y otros detalles. «Vamos a probar, cante “Cambalache“”.» Me lo pidió en un tono que no pude hacer, entonces agregó: «Su voz está para el geriátrico.» Tenía razón. 
«Puse toda mi voluntad, él su maestría y en unos cinco meses me sacó totalmente afuera la voz, recuperé el registro perdido, porque no podía dar ni una octava y hoy vocalizo en dos octavas y media». 
Carlos Bermúdez muere cuatro meses después, el 23 de julio de 1993. Había nacido en Caseros (provincia de Buenos Aires), el 7 de junio de 1918.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Tango Claudio Bergé Argentina

Tango:

Además de cantor es médico pediatra y periodista profesional. Es de destacar que estamos en presencia de un artista que, en épocas difíciles para el tango, se atrevió con un repertorio de tangos contemporáneos: “Sueño de barrilete”, “Contame una historia”, “Mi ciudad y mi gente”, compuestos por Eladia Blázquez. Se inició en un concurso: De la fábrica a la fama, que organizaba la firma textil Annan de Pergamino, en LS6 Radio del Pueblo, que conducía Julio Jorge Nelson, donde obtuvo el segundo lugar entre miles de participantes. A los diecinueve años, el comentarista Alfredo Tarsi lo recomienda para integrar la orquesta de Armando Iglesias, que actuaba en la confitería La Armonía, una formación contratada para reemplazar a las grandes orquestas en los fines de semana. Con veintidós años, Alberto Tavarozzi, el autor de “Media noche”, lo lleva a su quinteto, debutando en LR1 Radio El Mundo con el seudónimo de Juan Manuel. Pero su consagración se produce en el año 1964, cuando es convocado por Héctor Varela para reemplazar a Rodolfo Lesica, por una recomendación de Carlos Lucero “Cucusita”. Debuta con el As del Tango en la ciudad de Ramallo, provincia de Buenos Aires, con su nombre artístico definitivo: Claudio Bergé. Simultáneamente se presenta en Radio El Mundo, en el famoso Glostora Tango Club, cuando eran sus locutores Rafael Díaz Gallardo y Rina Morán. Por esa época, el relator Carlos Parnisari, representante de su hermano el cantante melódico Ricardo Rey, lo lleva al Canal 9 de televisión y luego de rendir una prueba con Santos Lipesker, estando presente Alejandro Romay —dueño de la emisora—, lo incorporan de inmediato. Debuta en el programa Lluvia de Estrellas, que conducían la locutora Pinky y el periodista Bernardo Neustadt. Más tarde, llegarían sus actuaciones en Sábados Continuados, con Emilio Ariño y Antonio Carrizo, compartiendo elenco con Sandro y Los de Fuego, Rosamel Araya y Leonardo Favio, entre otras estrellas. Luego, ese mismo canal lo contratará con exclusividad para actuar en diferentes ciclos: El Tropicana Club, Sábados de la bondad y Grandes Valores del Tango. También actúa de actor y cantante en Cinco pisos en las nubes, junto a Gogo Andreu, Dorys del Valle, Claudia, Alberto Marcó y Ricardo Rey. Además, está en el elenco del sainete El conventillo de la paloma, con Hugo Del Carril, Diana Maggi, Inés Moreno, Tincho Zabala y Tito Lusiardo entre otros, dirigidos por René Mujica y Martha Reguera. Participa, en el mítico disco Los 14 con el tango (1966), producido por Ben Molar. Interviene en el Festival Internacional Parque del Plata, en Uruguay, obteniendo el segundo puesto con el tango “Frente al estaño”. En 1969, se consagra como revelación de la Fiesta Nacional del Tango en La Falda (Córdoba) y obtiene el «Gardel de Oro». Al año siguiente integra la recordada Embajada Argentina en España, junto a Edmundo Rivero, Alberto Castillo, Virginia Luque, Néstor Fabián, Jorge Cafrune, Cacho Tirao, Chico Novarro, Hugo Díaz, Los Chalchaleros, Los Hermanos Ábalos, Violeta Rivas, María Concepción César y el gran Aníbal Troilo. En 1971 se consagra como mejor intérprete del tango en el Festival Odol de la Canción, que realizaba Canal 13 de televisión, conducido por Blackie; en esa oportunidad estrena el tango “El último round”. En 1972 es requerido por Mariano Mores, graba acompañado por su orquesta “Sabor de adiós”; interviene en el ciclo de televisión ¿Te acordás Mariano?, junto a Roberto Rufino, Nito Mores, Roberto Goyeneche, con la conducción de Silvio Soldán y Julián Centeya. Este último siempre lo elogiaba diciendo que tenía «un cantar de artista estudioso, personal y propietario de un enorme temperamento». A principios de los ochenta encabeza con Beba Bidart, en el Teatro Estrellas, la comedia musical Buenos Aires Todo Tango, con Jorge Falcón, el Sexteto Mayor, Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, entre otros. Además, realiza actuaciones en Caño 14, Michelangelo, El Viejo Almacén, La Casa de Carlos Gardel. La Warner Brothers, lo selecciona como figura principal para componer el personaje de Carlos Gardel en la película El día que me quieras, del autor venezolano José Luis Cabrujas; junto a Graciela Dufau, Juan Leyrado y Ulises Dumont. En 1986, protagoniza nuevamente al Zorzal, en film de Hugo Potenza: Tango libre encuentro, donde interviene entre otros, Néstor Marconi. El 11 de diciembre de 2005, se presenta en Madrid en el espectáculo De Gardel a Bergé, 115 años de tango, con la producción de Carlos del Mar y Rodolfo Ghezzi, donde recibe de estos: La Orden al Mérito Gardeliano. En su larga trayectoria, realizó alrededor de 400 grabaciones en los sellos EMI-Odeon, Fermata, Erato, Almalí, Microfón, M y M y Euro Records, acompañado por los más grandes maestros del tango. Claudio Bergé es ahijado artístico de Oscar Alonso y fue apadrinado por Mariano Mores y, también, por Eladia Blázquez por su trabajo discográfico Mi ciudad y mi gente. Este gran cantor ha recorrido América y Europa y, paralelamente, desarrolla un importante aporte periodístico ya que desde hace 19 años conduce su propio programa de radio y televisión: El porqué de mi vida, con el que obtuvo numerosos reconocimientos. A partir del año 2010, integra el programa Aguante Tango que se emite por Canal 26 de cable, conducido por Silvio Soldán. Además de la admiración que sentimos por él, Claudio es un gran amigo y asiduo visitante del portal Todo Tango, en especial, un calificado concurrente de su foro La Mesa del Café.